jueves, 14 de agosto de 2014

La Carga de Hitler

Publicado originalmente en inglés el 20 de Abril de 2011, y ahora en castellano, el siguiente texto de Greg Johnson, editor del interesante sitio counter-currents.com, se encarga de analizar en qué medida Hitler constituye una pesada carga que va en detrimento más bien que ayuda a la defensa de ciertos principios que han sido vituperados por el marxismo cultural reinante de los vencedores de la Segunda Guerra. Cada 20 de Abril, los sitios web de nacionalistas Blancos inevitablemente ven un incremento en la discusión y debate sobre la figura de Hitler y su legado. Las posiciones generalmente varían entre dos polos: Hitler es el problema, y Hitler es la solución.

La afirmación de que Hitler es el problema es básicamente un rechazo de la intolerable carga de culpa por asociación. Hitler es el hombre más odiado en toda nuestra judaizada cultura. De hecho, odiar a Hitler es el único juicio moral que no es estigmatizado por los modernos relativistas de la moral. El único estándar moral absoluto que se nos permite es Hitler como la encarnación del mal, y todos los males menores son malos por ser "como Hitler", lo que en definitiva significa que toda la gente Blanca es malvada debido a nuestro parentesco con él.


El argumento de "culpar a Hitler" se reduce a esto: Si Hitler tan sólo no hubiera empezado la Segunda Guerra Mundial, si no hubiera matado a seis millones de judíos, y si no hubiera tratado de conquistar el mundo, el Nacionalismo Blanco tendría buena prensa y quizás lograría avanzar en el plano político. Hitler es la razón de por qué el realismo racial, la eugenesia, el control inmigratorio y el nacionalismo han sido desacreditados ante los ojos de los Blancos en todo el mundo. Por lo tanto, si el nacionalismo Blanco ha de tener alguna chance de cambiar el mundo, necesita condenar y repudiar ritualmente a Hitler y todo aquello por lo que él luchó, así como también a sus seguidores actuales.


Encuentro este argumento moralmente despreciable y políticamente ingenuo. Es despreciable, porque es esencialmente un intento de ganarse el favor de nuestros enemigos y complacer a los ignorantes y tontos arrojando a un leal hombre Blanco debajo del autobús. Y no se equivoque: Adolf Hitler, cualesquiera que sean sus fallas, fue un hombre Blanco leal que luchó y murió no sólo por Alemania, sino por nuestra raza entera.

Culpar a Hitler también es moralmente obsceno porque absuelve a una gran cantidad de villanos que son los verdaderos arquitectos de la perdición de nuestra raza: los comerciantes de esclavos y dueños de plantaciones que introdujeron a los negros en toda América, los magnates ferroviarios y otros plutócratas que trajeron a los orientales a nuestras costas, los traicioneros capitalistas que están destruyendo a la clases media y trabajadora Blancas al importar mano de obra no-Blanca (legal o ilegal) y enviar los puestos de trabajo estadounidenses al Tercer Mundo, los igualitarios que no han dudado en derramar océanos de sangre Blanca para promover la igualdad política y moral de los no-Blancos, y, por supuesto, cada político que ha cumplido las órdenes de todos los nombrados.


La culpa también debe ser puesta sobre la comunidad judía organizada que utiliza su control sobre los medios informativos y de entretenimiento, sobre la educación y las profesiones, así como su vasta riqueza, para corromper todos los aspectos de la política, los negocios y la cultura estadounidenses, y para desarrollar y promover el multiculturalismo, la masiva inmigración de no-Blancos, el mestizaje, la integración racial, y una venenosa cultura de auto-odio en los Blancos y de agresividad en los no-Blancos. Culpar a Hitler es también políticamente ingenuo. Nuestra raza no fue puesta en el camino hacia su destrucción cuando Hitler fue elegido Canciller de Alemania en 1933. El problema empezó mucho antes de eso, pero un verdadero punto decisivo empezó en 1880 con la inmigración de millones de judíos desde Europa oriental hacia Estados Unidos, un país que simplemente no era ni cultural ni políticamente capaz de entender y contener la amenaza que ellos representaban. Hacia 1917, la comunidad judía organizada —actuando mediante una camarilla alrededor de Woodrow Wilson— tenía suficiente poder para hacer que Estados Unidos se involucrara en la Primera Guerra Mundial como una compensación por la Declaración Balfour del Imperio británico, que pavimentó el camino para la fundación del Estado de Israel.


Cuando los judíos llegaron a Estados Unidos en masa, ellos encontraron a un pueblo en gran parte inocente y confiado, y sólo las más débiles barreras para su ascenso a la riqueza y el poder. ¿Y qué gratitud tuvo la comunidad judía para con el país y su pueblo? Apenas fueron capaces, ellos traficaron con las vidas de 116.000 hijos de los confiados estadounidenses, además del sufrimiento de 205.000 jóvenes más que fueron heridos, algunos de ellos de forma indescriptible, además de la angustia mental sufrida por diez millones de soldados y sus seres queridos, más los años robados de las vidas de 10 millones de soldados y de todos aquellos que trabajaron para apoyarlos, más los incontables millones de europeos que sufrieron y murieron por la prolongada estadía de Estados Unidos en la guerra, todo a fin de materializar una promesa británica que le permitiría a los judíos desplazar a los árabes de Palestina para fundar el Estado judío.


Éste fue un momento crucial de la Historia mundial. En Estados Unidos llegó a ser claro que los Blancos habíamos perdido el control de nuestro propio destino, el cual pasó a manos de los judíos, y desde entonces los judíos han sido capaces de utilizar su hegemonía dentro de EE.UU. para tomar el control de los destinos de las naciones Blancas de todo el mundo y para llevarlas cada vez más por el camino de su extinción.


No, su control no era absoluto. En 1924 los estadounidenses Blancos aprobaron una restricción a la inmigración. Pero para 1941 los judíos y sus aliados habían llevado a EE.UU. a otra guerra mundial. En los años '50 y '60 dirigieron, financiaron y controlaron el movimiento de derechos civiles; y para 1965, después de más de 40 años de hacer lobby, los judíos fueron actores esenciales en la apertura de las fronteras de EE.UU. a la inmigración no-Blanca. Si Hitler nunca hubiera sido elegido Canciller, si la Segunda Guerra Mundial nunca hubiera ocurrido, los judíos de todas formas habrían hecho lobby en favor de fronteras abiertas; ellos de todos modos habrían promovido el multiculturalismo, el feminismo y la decadencia cultural generalizada; ellos igual habrían promovido el pseudo-científico negacionismo racial, el igualitarismo racial y la integración racial; de todas formas ellos habrían corrompido nuestro sistema político para perseguir los intereses judíos a costa de los intereses estadounidenses. ¿Cómo yo sé esto? Porque ellos ya estaban haciendo todas estas cosas mucho antes de que Hitler llegara al poder.


Los judíos están promoviendo las condiciones que están conduciendo al genocidio de la raza blanca. Ellos no están haciendo esto como "auto-defensa" contra la agresión de Hitler, puesto que lo estaban haciendo cuando Hitler era sólo un soldado común en la Gran Guerra. Ciertamente, la verdad es que Hitler hizo todo lo que hizo en defensa propia frente a la agresión judía, la misma agresión judía que estamos sufriendo hoy en una forma mucho más intensificada.


El argumento de "culpar a Hitler" comete lo que me gusta llamar como la falacia de "una pequeña cosa". La forma en que alguna gente habla de Adolf Hitler es lo único que se interpone en nuestro camino hacia la victoria: "si él sólo se hubiera dedicado a ser pintor, hoy estaríamos viviendo en una república Blanca". Pero la Historia no es tan simple. La Historia es el resultado de miles de millones de factores causales que interactúan unos con otros. Por lo tanto, lo más probable es que "una pequeña cosa" nunca es responsable de ningún fenómeno histórico a gran escala, bueno o malo.


Un ejemplo de esta falacia es una cita espuria atribuída a Benjamin Franklin que circula entre los círculos de Derecha. De acuerdo a esta leyenda, Franklin afirmó que Estados Unidos necesitaba excluír a los judíos desde el principio, o de otro modo esa pequeña cosa desharía nuestro, por otra parte, perfecto sistema cultural y político. Este tipo de pensamiento es atractivo porque simplifica considerablemente las cosas y nos ahorra la necesidad de reflexionar sobre problemas más amplios, más profundos y sistemáticos que podrían implicarnos también. Culpar a Hitler es sólo otra forma de culparnos a nosotros mismos por nuestra actual decadencia racial. Aquello desvía la atención de los verdaderos culpables —los traidores Blancos y los extranjeros— y reemplaza la justa ira contra nuestros enemigos con un desmoralizante auto-reproche y auto-duda. El odio motiva la acción. El auto-reproche promueve la pasividad. De esa forma, nuestra marcha hacia el olvido continúa ininterrumpida.


Los nacionalistas Blancos que sienten que Hitler es una carga sobre nuestra causa necesitan reconocer que condenarlo ritualmente en su cumpleaños no hace ningún bien. Hitler está muerto y no puede ser dañado. Y todavía haygoyims preseleccionados para la extinción. Lo único que ha cambiado es su propio status moral. Ellos se habrán ganado la estima de bribones y tontos, pero los mejores hombres los ven como ignorantes y viles. ¿Qué bien conlleva la amistad de los corruptos y cobardes si el costo es la pérdida de la amistad de los honorables y honestos?.


¿Cómo, entonces, puede uno aliviar la carga de "Hitler", el Hitler de la propaganda anti-Blanca? Si una persona daña su automóvil, insultarlo puede hacer que usted se sienta bien, pero la única forma de arreglar las cosas es conseguir algún tipo de compensación.


¿Cómo puede Hitler compensarnos por la carga de "Hitler"? Todo lo que él tiene para ofrecernos hoy es conocimiento. Entonces si podemos aprender algo de Hitler que realmente ayude a nuestra raza, eso al menos contribuiría a disminuír o levantar la carga de "Hitler". Si usted realmente cree que "Hitler" está oprimiendo al hombre Blanco, entonces descubra a Hitler: lea Mein Kampf, las Conversaciones de Sobremesa, etc., y vea si puede sacar algunas verdades útiles.


Hay mucha verdad ahí: sobre raza, sobre Historia, sobre la cuestión judía, sobre filosofía política, economía, cultura, religión y sobre los callejones sin salida del liberalismo burgués y del conservadurismo. Mein Kampf está lleno de consejos prácticos sobre la organización política radical y la propaganda, que siguen siendo válidos hoy. Hitler tenía razón sobre otras cosas también: «Por un lado, están aquellos que luchan por la felicidad de la Humanidad en abstracto y que persiguen la quimera de una fórmula aplicable a todo el mundo. Por otro, están los realistas. El Nacionalsocialismo está interesado sólo en la felicidad de la raza germana y lucha sólo para asegurar el bienestar del hombre alemán. (...) La doctrina nacionalsocialista, como lo he proclamado siempre, no es para la exportación. Fue concebida para el pueblo alemán» (Documentos Hitler-Bormann, 21 de Febrero de 1945) [1]. Lo que él quiere dar a entender es que las ideas que están detrás del Nacionalsocialismo puede que sean universal y eternamente verdaderas, pero que el Movimiento Nacionalsocialista, su plataforma política, su simbolismo, y otras formas exteriores, son productos de un tiempo y lugar particulares. Por lo tanto las personas que se visten como sus Tropas de Asalto en el EE.UU. del siglo XXI sólo tienen una comprensión superficial de las enseñanzas de Hitler. Un verdadero seguidor del Führerparecería tan estadounidense como el pastel de manzana. Los nacionalistas Blancos deberían esforzarse por ser actores políticos y no simples recreadores.


[1. The Testament of Adolf Hitler: The Hitler-Bormann Documents, con una introduction de L. Craig Fraser (sin indicación del editor), pp. 57–58. David Irving afirma que el fallecido François Genoud le dijo que estos documentos eran falsos y que él mismo los había creado, pero yo necesitaría una evidencia adicional antes de aceptar dicha afirmación].

La Nueva Derecha Norteamericana, sin embargo, se separa de Hitler en un punto fundamental: él quería reducir a los ciudadanos europeos, específicamente a los eslavos, a la condición de pueblos colonizados, lo que contradice el principio básico del etno-nacionalismo. La Nueva Derecha Norteamericana apoya un etno-nacionalismo para todas las naciones, y rechazamos el totalitarismo, el imperialismo, y el genocidio de la Vieja Derecha.


La Segunda Guerra Mundial fue, por supuesto, una catástrofe humana. Pero Adolf Hitler no fue el único ni tampoco el responsable primario de esa guerra. Se necesita un mundo para hacer una guerra mundial. Los intentos de Hitler para llevar las poblaciones alemanas oprimidas al Reich fueron aplicaciones completamente legítimas del principio etno-nacionalista. Fue trágico que Polonia estuviera gobernada por criminales aventureros que deseaban aferrarse a la ciudad alemana de Danzing. Pero Hitler empezó una guerra con Polonia. Fueron los británicos y los franceses los que le declararon la guerra a Alemania, lo que condujo a una conflagración mundial. El hecho de que ellos no le declararan también la guerra a la URSS, que también invadió Polonia, muestra que su interés por la independencia polaca no era más que una simulación hueca usada para atizar la intransigencia polaca a fin de disminuír la posibilidad de un acuerdo negociado e incrementar las probabilidades de la guerra.

Uno no puede justificar cada acción llevada a cabo en una guerra, pero los alemanes no cometieron crímenes que los Aliados no hayan igualado o superado.


En cuanto a la Operación Barbarossa contra la Unión Soviética, hay evidencia creíble de que los sovieticos, buscando obtener ventajas de la guerra en el Oeste, se habían preparado para lanzar una invasión masiva para apoderarse de toda Europa del Oeste en algún momento de 1941. Los soviéticos ya habían invadido Finlandia, Rumania y los países bálticos, así como también Polonia, en 1939 y 1940. Tal ataque sobre el Oeste era, por supuesto, una consecuencia previsible de la guerra que aparentemente nunca entró en los cálculos de británicos y franceses.


Hitler y sus camaradas del Eje se adelantaron a esa invasión y casi destruyeron la Unión Soviética, que sobrevivió debido en gran parte a la ayuda estadounidense. Aunque el Eje fue derrotado y Stalin conquistó Europa Central y del Este, el hecho de que toda Europa occidental no fuera engullida por el comunismo fue sólo debido a la lucha titánica y al sacrificio de Hitler, del pueblo alemán y de sus camaradas del Eje. Adolf Hitler fue, en suma, el salvador de Occidente

Usted también podría leer unos cuantos buenos libros acerca de Hitler y la Segunda Guerra Mundial, de modo que usted no caiga en la trampa de hablar de esos temas en términos de la ridícula propaganda de guerra, como que "Hitler comenzó la Segunda Guerra Mundial" y "Hitler salió a la conquista del mundo".Comience con Churchill, Hitler, and the Unnecessary War: How Britain Lost Its Empire and the West Lost the World, de Patrick Buchanan. O también con The Origins of the Second World War, de A. J. P. Taylor. Y asegúrese de leer los apasionantes libros llenos de hechos de David Irving, El Camino de la Guerra yLa Guerra de Hitler. Los investigadores menores rutinariamente los saquean, de manera que usted puede acudir directamente a la fuente. Además está el magnífico libro de R. H. S. Stolfi, Hitler: Beyond Evil and Tyranny. (También, para apreciar los esfuerzos de paz de Hitler, lea Hitler and the Power of Aesthetics de Frederic Spotts, que es mi libro favorito sobre Hitler).


No creo que el progreso del nacionalismo Blanco en el siglo XXI requiera la rehabilitación de Hitler y del Tercer Reich, lo cual en cualquier caso sería una labor infinita para los académicos y una distracción para los activistas políticos. Pero cuando los clichés históricos son lanzados regularmente hacia nosotros como granadas, cada adulto responsable debe tener el conocimiento básico necesario para desactivarlos. No necesitamos ser sabios doctores del revisionismo, pero deberíamos ser capaces de aplicar algunos primeros auxilios en el campo de batalla.


Quizá lo más subversivo que uno puede hacer en cuanto a Adolf Hitler es simplemente ignorar a aquellos que lo odian o lo aman ciegamente y en vez de ello hablar de él racional y objetivamente, como de cualquier otra figura histórica. Si usted sigue este consejo, le garantizo que la carga de "Hitler" empezará a desaparecer lentamente.


Pero usted podría descubrir también que la carga de pensar que "Hitler" estaba equivocado no es nada en comparación con la carga de creer que Hitler tenía razón.–






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